«Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, ni siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido un fenómeno semejante, que pasara un día completa, con todas sus pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera un fallecimiento por enfermedad, una caída mortal, un suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada«.
José Saramago: Las intermitencias de la muerte.
«Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera«.
Lev Tolstoi: Anna Karenina.
«Primero los colores. Luego los humanos. Así es como acostumbro a ver las cosas. O, al menos, así intento verlas.
UN PEQUEÑO DETALLE
Morirás.
Sinceramente, me esfuerzo por tratar el tema con tranquilidad, pero a casi todo el mundo le cuesta creerme, por más que yo proteste. Por favor, confía en mí. De verdad, puedo ser alegre. Amable, agradable, afable… y eso son solo las palabras que empiezan por «a». Pero no me pidas que sea simpática, la simpatía no va conmigo.
RESPUESTA AL DETALLE
ANTERIORMENTE MENCIONADO
¿Te preocupa?
Insisto: no tengas miedo.
Si algo me distingue es que soy justa«.
Markus Zusak: La ladrona de libros.
«- Hay un refrán indio que dice que, cuánto más quieres a alguien, más ganas te dan de matarlo -dijo mi empleada. Y yo pensé: «Pues sí que quiero a mi familia»».
David Safier: Una familia feliz.
«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en su padre lo llevó a conocer el hielo»
Gabriel García Marquez: Cien años de soledad
«Como no he tenido hijos lo más importante que me ha sucedido en la vida son mis muertos. Y con ello me refiero a la muerte de mis seres queridos. ¿Te parece lúgubre, quizá incluso morboso? Yo no lo veo así, antes al contrario: me resulta algo tan lógico, tan natural, tan cierto. Solo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo; la Tierra detiene su rotación y las trivialidades en las que malgastamos las horas cae sobre el suelo como polvo de purpurina. Cuando un niño nace o una persona muere, el presente se parte por la mitad y te deja atisbar por un instante la grieta de lo verdadero: monumental, ardiente e impasible».
Rosa Montero: La ridícula idea de no volver a verte
«El día de mi muerte no tuvo ninguna gracia. Y no solo porque me muriera. Para ser exactos eso ocupó como mucho el puesto número seis de los peores momentos del día».
David Safier: Maldito karma.